¿Conoce Ud. acerca de una óptima desinfección del agua potable, modos de control y manipulación de hipoclorito para una correcta sanidad ambiental?
por Soledad Vallejos, Market Manager Aguas
Es bien conocida la necesidad de potabilizar el agua antes de su consumo. Como parte de esta potabilización, o como paso final de una depuración posterior, se incluye normalmente un tratamiento de desinfección. Este proceso se realiza actualmente de varias maneras; ultrasonidos, radiaciones, calor, oxidantes químicos, etc., destacando entre todos ellos la cloración y la ionización, y entre estos, el primero, al presentar más ventajas y menos limitaciones y costos.
La acción desinfectante del cloro deriva de su alto poder oxidante en la estructura química celular de las bacterias, destruyendo los procesos bioquímicos normales de su desarrollo. Las condiciones del medio que optimizan el resultado de esta desinfección son la concentración de cloro, pH, temperatura y tiempo de contacto.
La característica principal del cloro para su uso como desinfectante es su presencia continua en el agua como cloro residual. La normativa sanitaria determina que las aguas de consumo humano tendrán una concentración mínima de cloro residual libre o combinado, o algún otro agente desinfectante.
Además, el cloro no solo actúa como desinfectante, sino que también reacciona con otros elementos presentes en el agua, como amoniaco, hierro, manganeso y otras sustancias productoras de olores y sabores, mejorando la calidad del agua.
Por otro lado, una concentración excesiva de cloro en el agua provoca su rechazo inmediato por parte del consumidor. No es perjudicial para la salud, pero da un sabor muy fuerte y desagradable al agua si su concentración supera los 0,5 ppm.
La forma de actuación de este producto es la siguiente; el gas cloro depositado en el agua, al ser muy soluble, se hidroliza rápidamente y forma ácido hipocloroso más ión cloro y catión hidrógeno. A continuación el cloro reacciona con el amonio que contiene el agua y se forman las cloraminas correspondientes que son la monocloramina, dicloramina, y tricloroamina.
El tipo de cloramina que se forma depende del pH del agua y por supuesto de la cantidad de amonio que el agua contiene. En todo este proceso se forman dos tipos de cloro residual que son el cloro residual libre y el cloro residual combinado como cloraminas.

El cloro residual libre es la cantidad de cloro que existe en el agua en forma de ácido hipocloroso o en forma de ión hipoclorito, y el cloro residual combinado es el que se produce en la combinación con amonio, es decir, las cloraminas. El cloro residual combinado solo se puede formar cuando el agua tiente amoniaco y productos orgánicos. Hay que añadir que el cloro de esta forma es un agente oxidante más débil y su acción bactericida es más lenta.
En resumen, el cloro residual, tanto libre como combinado, se puede presentar de varias formas dependiendo de las características químicas del agua, cada una de ellas con mayor o menor eficacia.
Es importante determinar diariamente la cantidad de cloro residual en el agua, tanto libre como combinado, sobre todo cuando va destinada a consumo humano. Los métodos son variados según se detalla a continuación.
En primer lugar contamos con los clorómetros, que son tests rápidos con patrones estables para concentraciones de cloro menores de 1 ppm, juegos de reactivos con escala de colores para la determinación inmediata para contenidos en cloro entre 0,1 y 1,5 ppm., determinación volumétrica mediante un reactivo para cloro libre entre 0,1 y 4 ppm, método colorimétrico de la ortotolidina contenido de cloro libre menor de 1 ppm y, por último, un sistema amperométrico.
Tenemos en Hanna, métodos de medición, control y dosificación en línea con los rangos adecuados para este tipo de procesos: empresas sanitarias, de potabilización, de tratamiento de residuos han optado por el PCA 300, un moderno equipo que nos permite fijar un punto de set apropiado para nuestra dosificación; en la medida que este punto es sobrepasado, comienza el activamiento de las bombas.
La presencia mínima de cloro en el agua garantiza sus óptimas condiciones para el consumo. Puede parecer una paradoja, que al mismo tiempo que la reglamentación técnico sanitaria establece que las aguas destinadas al consumo humano deben contener cloro residual libre o combinado, la presencia de este provoca en algunas ocasiones y debido a su sabor, el consumo de agua embotellada.

Procesos industriales capaces de controlar aguas de consumo humano requieren una implementación eficaz, eficiente y controlada en lo que a potabilización se refiere. Conozca nuestra completa instrumentación de Procesos en el Catálogo de Productos, consistente en controles de pH, ORP, Cloro, Bombas Dosificadoras y una completa gama de electrodos para aplicaciones industriales.


