La investigación llevada a cabo desde hace cuatro años por el grupo Benthos ha recorrido más de 100 cursos de agua desde el altiplano a Tierra del Fuego y permitirá contar con un completo recuento de la situación ecológica de los ríos, la fauna que en ellos vive, su distribución y situación de vulnerabilidad, para finalmente establecer bioindicadores ambientales.
Más de cien ríos y arroyos de todo el país ha recorrido Maritza Mercado, la zoóloga con estudios en la Universidad Austral y base en Valdivia, es una de las socias del grupo Benthos que en forma privada están realizando quizás la más ambiciosa investigación de los cursos de aguas de nuestro país.
Sin aportes estatales ni concursos o financiamiento universitario, se embarcaron en el gran catastro de los ríos de Chile. Cursos de agua, para ser más precisos puesto que no sólo involucra los mayores cauces. La idea es establecer los bioindicadores que permitan en el futuro de una manera sencilla establecer la situación medioambiental y salubridad de las aguas, tanto para el consumo humano como animal, con sólo examinar los bichitos que en ella viven.
Se trata en su mayoría de insectos acuáticos que en sus estados larvales viven en los lechos de los ríos, generalmente bajo las piedras (los macro zoo bentos). “Es una técnica de gran utilización en los países desarrollados pero que nunca se ha aplicado en Chile. Además, por su ubicación geográfica, gran parte de la fauna es autóctona por lo que los estudios internacionales no son aplicables en un 100% a nuestro país” exlica Maritza Mercado, zoológa y socia fundadora de Benthos.
Junto a ella trabaja su socio, Simón Elliott, arquitecto de profesión, que llegó a la biología por su afición a la pesca con mosca. De hecho, muchos de los insectos investigados corresponden a las llamadas “moscas” que utiliza la pesca deportiva. Algunos de ellos, por ejemplo los plecópteros y efemerópteros, son tan “finos” que sólo viven en las aguas más límpidas y su sola presencia asegura aguas más saludables que las de la cañería. Además, integran el grupo un zoológo y dos doctores en zoología, todos de la Uach.
Además, del consumo, la investigación servirá para las actividades productivas y la Conama ya que permitirá establecer las líneas base y los impactos ambientales de los proyectos que allí se instalen. A lo largo de todo Chile.
Completa Investigación
Sin embargo se trata de una investigación de largo aliento. Ya llevan cuatro años y les esperan varios más. Y es que todo debe hacerse por etapas. Antes de un año esperan tener los primeros resultados: la situación medioambiental de los cursos de agua de todo el país y un catastro de las comunidades que en ellos viven, con la distribución a lo largo del territorio de cualquier especie que viva en el agua, y un análisis de su vulnerabilidad es decir cuáles están en situación de amenaza o peligro de extinción.
Es la primera investigación de su tipo. Y permitirá sentar la línea base para los estudios medioambientales futuros tanto a nivel de las aguas como de la fauna existente.
Luego comenzarán a analizar los datos con el fin de presentar la primera propuesta de bioindicadores: las comunidades que existan a lo largo del país que estén presentes en aguas limpias y no en aguas más sucias. O al contrario. Por ejemplo, el indicador de agua más sucia es un gusano, el tubifex, su sola presencia asegura altas concentraciones de materia orgánica e incluso ausencia de oxígeno (anoxia). Las propuestas se van perfeccionando con investigaciones científicas sucesivas y ellos esperan tener contraparte dispuesta a poner a prueba sus resultados para avanzar a definiciones más exactas.
Calidad de las Aguas
La taxonomía de la fauna que está en los cursos de agua, se complementa con la información físico química de la calidad de las aguas: se mide el pH, la conductividad, nutrientes derivados del nitrógeno y del fósforo (nitritos, nitratos, antimonio, nitrógeno orgánico, fósforo total y ortofosfato), además de los niveles de sílice. Estos, pueden saturar el agua de plantas y algas y son sustento para la fauna y microorganismos, por lo cual para el consumo humano son preferibles los cursos de aguas más limpias.
También se evalúa la presencia de metales como el aluminio, bromo, cloro, cobre, cianuro, flúor, Yodo, fierro, manganeso, molibdeno, níquel, plata y zinc.
Inicialmente las mediciones se hacían “en forma tradicional” es decir, los investigadores preparaban todo el proceso desde la curva de calibración, preparaban los reactivos, determinaban los estándares, lo que les permitía definir los estándares pero con un mayor rango de error. Por eso, desde hace unos años, optaron por los fotómetros de Hanna Instruments.
“Con los instrumentos de Hanna encontré una precisión que no sospechaba que existía en medidores portátiles, que uno siempre asocia con tosquedad y poca resolución. Me dan la posibilidad de medir con el mismo espectro del fotómetro que utilizaba antes, con todas las longitudes de onda, con exactitud en la entrega de los datos, pero disminuyendo todos los factores de error humano. Salvo en la toma de muestras, pero los reactivos ya vienen dosificados, por ejemplo. Y el poder llevarlo a terreno me evitó la pérdida de muestras por el tiempo de traslado hasta el laboratorio. Además, la cantidad de muestra que necesito para procesar es mínima, no más de 10 ml. Antes eran 50 o 100 ml lo que además me impedia realizar réplicas”, agrega la zoóloga.
Pero además, logró resolver una preocupación especial. Con los análisis tradicionales siempre había alguna emisión a la atmósfera, pequeñas cantidades pero de gases tóxicos como ácido sulfúrico o dicromato potásico y, como los instrumentos Hanna tienen tapa no hay emisiones. De igual forma, los desechos líquidos, que deben entregarse a centros de tratamiento, disminuyeron en más del 75%.
“Aunque para mí lo más importante ha sido la calidad de la atención, la amabilidad y el sentir que me solucionan cualquier posible problema” acota Maritza Mercado.
Situación del País
El recorrido y análisis de los cursos de agua desde Visviri en el norte hasta Tierra del Fuego ya tiene algunos resultados preliminares de la situación de los ecosistemas en el país. Haciendo una análisis de cordillera a mar se puede establecer que:
- A nivel cordillerano la situación está “impecable”. Se pueden subir las montañas y beber el agua con total tranquilidad a lo largo de todo el país a menos que haya una actividad productiva o humana cerca, lo que en general no ocurre. Incluso en los altos del Cajón del Maipo, en el Alfalfal los arroyos son muy limpios. En el valle central, los resultados no fueron tan buenos, en general se encuentra bastante saturados principalmente con materia orgánica de orígen doméstico. Lo que no es tan grave porque se puede limpiar. El otro origen de contaminación de las aguas es la explotación de los bosques: “habría que exigir que las plantaciones de pinos, por ejemplo, instalen un buffer de bosque nativo en las riberas porque ellos filtran el exceso de nutrientes manteniendo la pureza de las aguas”, señala la experta.
- En la cordillera de la costa los cauces más limpios son los poco accequibles, pero en general la situación no es buena: quedan algunos reductos como los altos del Marga Marga, la cordillera de Nahuelbuta, los parques de Alerce más al sur, el Parque Oncol, los parques de Chiloé y las zonas protegidas por el estado, privados o ambientalistas. El resto no cuenta con bosque nativo y los niveles de las aguas están muy alteradas. En la costa, la situación es similar a los valles centrales, bastante saturada por los asentamientos humanos.
- De norte a sur: los ríos del Altiplano están limpios aunque son bastante escasos en cantidad de líquido, luego viene la Zona Minera que está afectando los ríos más importantes como el Loa y Chungará, asegura Maritza Mercado. En el Norte Chico, en la zona alta del valle del Elqui están en buenas condiciones, en parte por el interés turístico del lugar. Aunque la presencia de pequeñas mineras afecta los flujos de caudal restringiendo el hábitat de la fauna nativa. En la Zona Central es donde está la mayor población de la país lo que incide en la calidad de las aguas, salvo en las ciudades con planta de tratamiento de aguas servidas. La extracción de áridos de los lechos de los ríos tampoco permite el establecimiento de flora ni fauna. Entre Concepción y Chiloé está la mayor abundancia de agua con un emorme poder de disolución de los contaminantes orgánicos; la desventaja está en que no se forma conciencia ambiental en la gente. En la Zona Austral, finalmente, la situación está mejorando, los daños están relacionados con los bosques que se talaron masivamente, pero en Coiayque ya están forestando con bosque nativo y hay preocupación por recuperar el medioambiente.
“Hay conciencia nacional. Chile tiene la ventaja de que si bien contaminamos mucho, no llegó a los niveles de Estados Unidos y Europa, donde la vida dejó de existir y aquí es abundante. Por ejemplo, en el Támesis, en Londres se murió todo lo que ahí había”, finaliza la zoológa Maritza Mercado.