Con la llegada de la primavera todo florece, el sol alegra el paisaje con flores silvestres en los caminos, árboles en flor en calles y jardines y ricas frutas de verano en ferias y supermercados. Sin embargo, no todo es beneficio. Los salmonicultores, como si fueran atacados por la alergia se mantienen alerta, realizan mediciones periódicas, modifican dieta y cuidan la salud lo más posible para evitar la muerte por asfixia.
Y es que el florecimiento primaveral ocurre también en el mar. Y las pequeñas algas que normalmente circulan por sus aguas, el fitoplancton, proliferan y se multiplican llegando a generar manchas de colores visibles al ojo humano. Es la marea roja, que afecta a los bivalvos y puede ser mortal para los humanos que los consuman, pero también la marea azul, verde o café, dependiendo de las especies de microalgas de que se trate.
En este caso no importa el color ya que por sí misma no daña a peces ni afecta a quienes los consumen. Sin embargo la sobrepoblación puede ser tal que compite con ellos por el oxígeno disponible en al agua, produciendo la muerte masiva de ejemplares por asfixia.
El fenómeno tomó por sorpresa a los acuicultores que de pronto comenzaron a encontrar masas de peces afectados de muerte súbita, sin motivo aparente: sanos, bien alimentados, sin infecciones o enfermedades a la vista y generalmente de madrugada poco antes del amanecer.
“Hasta hace poco no se realizaban mediciones rutinarias del oxígeno en el agua. Y es que pensábamos que el agua en Chile estaba bien: Los ríos están totalmente oxigenados, así que no había problema. En los lagos también estaba bien, y se suponía que en el mar los niveles de oxígeno funcionaban en forma óptima, por las corrientes. Sin embargo, se descubrió que en lugares donde normalmente había 7ppm de oxígeno, bajaba repentinamente a 3ppm o menos. Produciendo las muertes, así de dramático”, explica Sandra Bravo, experta en enfermedades de peces del Instituto de Acuicultura de la Universidad Austral.
La profesional, ingeniero pesquero y master en acuicultura, actualmente está dedicada a investigar las enfermedades que afectan a los peces. Establece desafíos, en los cuales los somete a diversas situaciones de modo de medir su capacidad de adaptación y el efecto que esto tiene en los patógenos que causan la enfermedad. En sus estanques realiza mediciones constantes para mantener la calidad del agua y asegurar que no existan otros factores que incidan en los resultados:
“Los medidores de oxígeno son una herramienta importantísima para poder cuantificar la cantidad de oxígeno tanto en el mar como en agua dulce, además tenemos un salinómetro, para evaluar la salinidad del agua y controlamos la temperatura. Todo con equipos Hanna Instruments que nos han dado muy buenos resultados”, señala Sandra Bravo.
Surgencias y Bloom de Algas
Las causas de esta alteración son dos: las surgencias y el bloom de algas. Ambos son fenómenos oceanográficos normales pero que resultan nocivos para los peces en cultivo.
En el primer caso, por cambios climáticos se rompe la barrera de temperatura habitual del océano que separan las aguas profundas de las superficiales por su temperatura. Así, en verano en la superficie se conservan más cálidas, mientras que en invierno son las aguas profundas las que tienen mayor temperatura. Sin embargo, en primavera y otoño las temperaturas se equiparan, lo que permite que el agua se mezcle. Masas de aguas profundas emergen a las capas superiores, vienen ricas en nutrientes pero muy pobres en oxígeno. Esto ocurre principalmente en las zonas costeras que es donde se ubican las jaulas de las pisciculturas y que pueden durar cerca de una semana, dependiendo de las condiciones ambientales imperantes.
También en primavera ocurre el otro fenómeno, el bloom de algas. Y aunque son independientes, tienen alguna relación. Ya que las algas que florecen y abundan debido a la mayor luz solar de ésta época del año que favorece su fotosíntesis son estimuladas en forma adicional por los nutrientes del fondo marino que suben con las surgencias. Favoreciendo su multiplicación. Y, de alguna manera las pisciculturas hacen su propio aporte por las fecas y restos de alimento que caen de las jaulas.
El efecto de las algas en el oxígeno marino es variable. Como todo vegetal en el día consumen el CO2 del mar y botan oxígeno, y en la noche realizan el proceso inverso consumiendo el oxígeno creado y liberando CO2. Si la población es muy alta, al finalizar la noche ya se habrán consumido todo el oxígeno, produciendo la muerte de los peces poco antes del amanecer, cuando se inicia un nuevo ciclo de generación de O2.
El nivel justo: que no se asfixie ni se ahogue
En el mar los niveles normales de oxigeno fluctúan entre 8 y 7 ppm. Bajo 5 ppm los peces comienzan a sufrir y con menos de 4 ppm mueren. En el extremo opuesto con concentraciones superiores a los 11 ppm a los peces les entran burbujas en el torrente sanguíneo y mueren por embolia.
“Es tremendamente importante medir el oxígeno en el agua. Tanto en el mar como en las pisciculturas de agua dulce, donde el control debe ser permanente ya que generalmente se trata de agua de recirculación a la que hay que extraerle los gases y adicionarle oxígeno; y también al transportarlos en camiones o wellboats que llevan una gran cantidad de especímenes en pequeños espacios, lo que obliga a monitorear de manera permanente para evitar que bajen mucho o suban demasiado los niveles. Los medidores de oxígeno son una herramienta importantísima”, apunta la investigadora Sandra Bravo.
Además del monitoreo constante de los niveles de oxígeno, se realizan mediciones de la concentración de microalgas en el agua de mar con el fin de poder predecir la aparición de un bloom y aplicar las medidas de contingencia pertinentes para minimizar sus efectos. Esto se realiza a través de la observación de una muestra de agua marina al microscopio, y también mediante un disco Secchi, el cual se va sumergiendo en el mar hasta que ya no es visible al ojo humano: según la profundidad en que esto suceda, se puede estimar la transparencia del agua producto de la cantidad de microalgas.
Así, cuando la transparencia es menor a los 4 metros de profundidad, se deja de alimentar a los peces. Con esto se busca ayudar a que baje su nivel de estrés, se mantengan más quietos y tranquilos, y disminuyan sus requerimientos de oxígeno. Un efecto adicional de la baja de oxígeno y estrés en los peces es que se les dificulta la respiración por la obstrucción de las branquias, y aumenta su sensibilidad a las enfermedades. Así es que se mantienen sin alimento hasta que se reestablezca la transparencia de las aguas.
También es posible oxigenar artificialmente a través de difusores. Sin embargo, son medidas paliativas para sobrellevar de mejor manera la restitución de las condiciones óptimas del entorno, pero no hay solución definitiva. Por esto si es que el fenómeno se repite con frecuencia la especialista aconseja:
“Más que remediar un fenómeno oceanográfico normal, lo que hay que hacer es sacar a los peces y llevarlos a un lugar seguro para ellos, en zonas más abiertas y donde no se produzcan estas termoclinas ni aloclinas”, aconseja la ingeniera pesquera.
Y aconseja seguir el ejemplo Europeo:
“En otros países, luego de un ciclo productivo los sitios se dejan descansar por dos, tres o seis meses hasta la temporada siguiente, para permitir su recuperación. De esta forma se reestablece el ecosistema, las bacterias que están en el fondo se alimentan de la materia orgánica que ha caído de las jaulas, lo que permite que se corten los ciclos de los patógenos, disminuyendo las enfermedades. En Chile, esto se está empezando a implementar en forma voluntaria aunque en otros países esta medida es por ley”.

