Casi por casualidad, Denisse Loyola se enteró del nuevo fondo que Indap y Prodemu habían abierto para grupos de mujeres en la zona Cordillera (Puente Alto). Estaba buscando en Internet y rápidamente se decidió a formar una empresa de cultivos hidropónicos.

Su trabajo en restaurantes del sector le permitía saber que las exigencias son de cultivos hidropónicos y que las variedades preferidas son las lechugas Lollo Bionda y Lollo Rossa. Así, junto a su cuñada, Sandra Contreras, una amiga, Beatriz Ramírez y sus madres, María Medina y Marina Vásquez, ganaron el proyecto y en octubre del 2007 comenzaron a trabajar.
El invernadero lo construyeron en los terrenos de una arenera, que su dueño les cedió en comodato. Ahí tienen siete camas de 350 lechugas cada una que cada mes cosechan y venden a los restaurantes del sector. Hasta el momento cuentan con ocho clientes fijos, pero este año con la construcción de dos nuevos invernaderos, esperan abarcar una proporción mayor de los cerca de 40 establecimientos turísticos del Cajón del Maipo. Como estrategia de negocios, decidieron enfocarse en éste nicho ya que valoran más la calidad y obtienen mejores ganancias que en supermercados, donde probaron un tiempo.
El 2008 agregaron un cultivo de berros de muestra que les dio excelentes resultados. Por eso, para este año pretenden triplicar su producción e introducir rúcula, mejorando la variedad y utilidades.
Y es que hasta ahora ha sido más el esfuerzo que las ganancias, puesto que aunque las cosechas son mensuales es necesario dividir las ganancias entre las cinco lo que no deja mucho margen. Por esto postularon a otro fondo que les permitirá construir los nuevos invernaderos en una mejor ubicación y a fin de año reponer el actual logrando un total de 3 instalaciones de 180 m2.
Equipamiento y Asesorías
En los aspectos técnicos están bien respaldadas. El Indap, les entrega la asesoría de un agrónomo, capacitación en gestión y también en desarrollo organizacional y personal. Además, el Servicio de Salud envía enfermeras que las ayudan a mejorar la postura y otras recomendaciones para evitar enfermedades laborales. Tienen los aspectos legales y tributarios al día y están tramitando la resolución sanitaria.

En lo productivo el sistema se apoya de una bomba que mantiene la circulación del agua para asegurar su oxigenación. “Esto es lo más importante, el agua se oxigena de manera eléctrica con un estanque grande de 2.400 litros, circula por las camas y vuelve al estanque”, señala Denisse Loyola.
Además, cuentan con un equipo Hanna Instruments que les permite verificar los parámetros básicos: pH, temperatura, conductividad eléctrica y micropartículas (cuerpos extraños) en el agua.
“En forma normal el agua tiene un pH de 7,5 a 8, pero al agregarle los nutrientes sube, lo que aumenta la sal, que es muy dañina y mata las plantas. Por esto es muy importante medir el pH y mantenerlo entre 6 y 6,5. Sin el equipo no podríamos hacerlo!”, agrega.
Con la conductividad eléctrica miden directamente la cantidad de sal en el agua y medición de temperatura les permite mantenerla cerca de los 25ºC que requieren para crecer bien. En verano deben ir a medio día a mojar el suelo del invernadero para bajarla y así moderar las fuertes alzas.
“Ha sido un trabajo bonito, estamos contentas, hasta los problemas se hacen más chicos porque hay que hacer las cosas no más. Los que nos tiene más orgullosas es que nosotras mismas hemos hecho todo. Trabajando con el martillo y el serrucho, arriba del invernadero arreglando. Y las plantas mismas desde las semillas haciéndolas brotar en los almácigos”, concluye la microempresaria.

