
Cuando la inmobiliaria decidió crear la Laguna en Piedra Roja, se dieron cuenta de que estaban frente a un gran desafío pues no existía en el país ningún proyecto similar, salvo San Alfonso del Mar, pero con importantes diferencias como que se trata de agua salada y que está pensada para nadar.
En Piedra Roja, en cambio, el concepto era diferente: emular a la naturaleza, crear un entorno lo más parecido a lo natural. Con flora y fauna nativas, un lugar que pudiera fomentar el ocio, descanso, la calidad de vida “que es una de las cosas más valiosas que uno tiene, usualmente es poco el tiempo libre que se tiene y uno quiere disfrutarlo al máximo, con la familia y también solo. Y la laguna es un tremendo elemento visual, de paseo, de deporte, y el agua genera sensaciones muy gratas, de placidez”, comenta Cristián Cominetti, gerente general de Piedra Roja.
El proyecto Piedra Roja completo corresponde a un área equivalente a toda la comuna de Vitacura con unas 12 mil viviendas proyectadas de aquí a 20 años. Desarrollado por la Inmobiliaria Manquehue, la misma que formó Santa María de Manquehue, buscaban crear un barrio, una ciudad que fuera atractiva para la gente. Y en eso la laguna es el punto fuerte, que se suma a otros elementos como la cancha de golf, centro ecuestre, y el club náutico en la laguna con escuelas de Láser y Optimist para niños.
Planificación en EEUU y Chile
Cristian Cominetti
El proyecto lo hicieron con una combinación de empresas norteamericanas y chilenas, puesto que en nuestro país no existe una experiencia similar. De esta forma contactaron a PACE, Pacific Aquascape, empresa norteamericana de gran experiencia en el tema quienes realizaron la ingeniería conceptual y trabajaron en conjunto con el ingeniero chileno Alfredo Edwards quien realizó la ingeniería de detalle. Posteriormente él viajó a EEUU para que ambos equipos en conjunto afinaran el proyecto.
En paralelo en Chile estaba trabajando el equipo de arquitectura y paisajismo, para transformar la laguna en lo más natural posible, los bordes de piedra, por ejemplo. También la incorporación de árboles en el entorno, creando un pequeño bosque –que al cabo de 4 años comienza a tomar forma- y siempre estuvieron coordinados en soluciones relacionadas con la viabilidad a largo plazo de la laguna.
Por ejemplo había que evitar el exceso de vegetación en los bordes para que los fertilizantes ni al agua de riego cayeran dentro de la laguna, o buscar que los bordes tuvieran pendiente invertida, entre otras cosas.
Esto, porque una de las grandes preocupaciones del proyecto es evitar la proliferación de algas, que por una parte afean la laguna, pero principalmente porque producen la eutrofización de sus aguas, consumiendo el oxígeno y ocasionando su pudrición.

Gran parte de las medidas que realizan están centradas en este objetivo preventivo. Para esto se analizaron tres factores clave: renovación de agua, profundidad y un adecuado control de los parámetros físico-químicos:
Con un volumen de 200 mil metros cúbicos aproximados, el agua de la Laguna Piedra Roja se saca de pozos profundos. Al mismo tiempo, de ella se extrae el agua de riego de las áreas verdes logrando un recambio permanente para que se mantenga limpia, “que se mantenga viva” apunta Cominetti. En total cada año se renueva unas tres veces completamente el agua de la laguna. Esto es de manera variable, ya que como depende del riego, es mayor en verano cuando además se incorpora un factor de evaporación por efecto climático. Pero, en términos generales en invierno se extraen 5 o 6 litros por segundo y en verano sube a los 40 l/seg.
La profundidad de la laguna fue calculada por los ingenieros norteamericanos de modo de propiciar el buen mantenimiento de ésta. Y es que a partir de los 4 metros los rayos de sol penetran con menos fuerza reduciendo su poder en la fotosíntesis y crecimiento de algas. Como medida adicional se le agrega un bloqueador líquido, que actúa como pantalla UV. Para mantener el volumen de agua, el fondo está cubierto por una lámina de plástico, un polímero duro de alta densidad, HTPE, que impide su absorción en el suelo.
Medición de Parámetros y Hanna Instruments

“En tercer lugar está el adecuado control de los parámetros físico-químicos del agua. Uno puede a través de la experiencia –porque no hay una receta para estos lacustres- llegar a manejar de mejor manera la calidad del agua. Por esto contamos con un pequeño laboratorio y en forma diaria medimos temperatura, pH, oxígeno disuelto, sólidos disueltos, turbidez. De tal manera que si se elabora una curva, en el tiempo se pueda prevenir que el agua se ponga verde”, explica el gerente general.
Y agrega: “por ejemplo, sabemos que el pH tiene una incidencia directa en la turbidez y estamos tratando de establecer la curva que lo determina”.
El manejo sin embargo, al contrario de aguas industriales, riles y piscinas, por ejemplo, no se realiza con elementos químicos, sino que a través del recambio del agua:
“El agua de una laguna es muy particular porque es un organismo vivo, tiene aves –han llegado taguas, por ejemplo-, vegetación en el agua y también la que la rodea, peces en determinada época del año y todos ellos inciden en los componentes de la laguna”, comenta
Por eso además de los parámetros diarios en forma más espaciada realizan mediciones de nitrógeno y potasio. En general todos los parámetros los regulan a través del recambio del agua. El pH, por ejemplo es bastante estable ya que viene dado por el agua de la zona y oscila entre 7,6 y 7,8. Pero les interesa enormemente tener la historia de los parámetros en el tiempo de modo de establecer cómo va cambiando el ecosistema. Estiman que el crecimiento de los árboles con el consecuente aumento de la sombra producirá una baja en las temperaturas que influirá en otros parámetros. Además, esperan que lleguen nuevas especies a la zona y saben que la vegetación como las calas flotantes, flor de loto y papiros, tienen un efecto positivo ya que consumen los nutrientes disponibles evitando la proliferación de algas.
“Cuando vimos que necesitábamos medir los parámetros comenzamos a buscar proveedores de equipos o laboratorios que directamente pudieran realizar estos controles y rápidamente encontramos en Hanna Instruments la mayor cantidad de equipos que necesitábamos y además, simples de usar. Fue una búsqueda corta, encontramos una amplia variedad, buena asesoría y nos decidimos a comprar los equipos y hasta ahora continuamos trabajando juntos. Con Soledad Vallejos fue muy fácil llegar a un acuerdo”, apunta Cristián Cominetti.
De esta forma, con 4 años de uso, la inmobiliaria pretende mantenerse otros 15 años con el proyecto, formando barrios al igual que sucedió en Santa María de Manquehue. Siempre pensando en casas, edificios de primera vivienda, tipo ciudad o suburbio más que parcelas. Para eso también se han preocupado de los accesos, realizaron la Avenida Juan Pablo II que la une con La Dehesa y la recién inaugurada autopista Acceso Nororiente que comunica con Vitacura, buscando un desarrollo urbano ordenado invitando a colegios, clínicas, centros comerciales y supermercados a instalarse en áreas ya determinadas urbanísticamente.

