Viña Luis Felipe Edwards: “Un Buen Vino se Prepara desde el Campo”
Porque la uva es fundamental para lograr buenos resultados, los cuidados comienzan con una buena viticultura, luego en vendimia, laboratorio y envasado se realizan cuidadosos controles de calidad. Dedicada principalmente a la exportación, esta viña familiar también cuenta con presencia en el mercado nacional. Con cuatro líneas distintas apuntan al consumidor casual hasta el gran conocedor con su vino estrella Doña Bernarda.
A pesar de conocerse como una viña joven dedicada a la producción de vinos de calidad, la viña Luis Felipe Edwards nació en 1974 con la adquisición de los primeros predios en el valle de Colchagua. En los inicios toda la producción se destinó a granel con venta a grandes viñas del país, hasta que en 1994 se decidió dar un vuelco importante a la empresa siguiendo con el vuelo exportador que tomaba la vinicultura nacional. De esta forma comenzaron a embotellar con marca propia y a centrarse en los mercados externos.
Así es como 13 años después cuentan con una producción del orden de 700 mil cajas anuales (en el año 2006) que se embarcan principalmente a Inglaterra, Alemania e Israel (donde tienen un importante nicho de ventas de vino kosher), sumando cerca de 40 países entre Europa, Asia, Norte y Sudamérica, convirtiéndose en una de las viñas con mayor crecimiento a nivel nacional.
“Nuestra meta es producir vino de gran calidad, destacando las características propias de cada variedad y dentro de eso, tratamos de diferenciar bien cada una de las líneas que tenemos”, explica Sofía Araya, enóloga de la viña Luis Felipe Edwards.
De esta forma, la línea Pupilla ofrece vinos redondos , frescos y fáciles de tomar. Tanto en sus Sauvignon Blanc, Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Shiraz, Carmenere.
Los vinos Reserva tienen sabores más a madera, con más estructura e intensidad y comprende Chardonnay, Sauvignon Blanc, Merlot, Carmenere, Cabernet Sauvignon, Shiraz y Malbec.
En Gran Reserva hay más categoría, con vinos que han pasado un año en barrica y para los cuales se van eligiendo los mejores lotes.
“Todo el trabajo comienza en el campo. Con una buena uva se puede hacer buen o mal vino, pero si no hay un buen manejo no hay nada que hacer”, comenta la enóloga.

El manejo de las plantas es muy específico dependiendo de la calidad que uno busca. A través de la poda, deshoje y manejo de cargas se va apuntando a diferentes calidades de uva que finalmente y mediante degustaciones y evaluaciones de los enólogos, derivan en cada una de las líneas de producción.
Las mejores uvas son destinadas al vino estrella de la viña, Doña Bernarda, en honor a la señora de su fundador. Un blend muy especial que cambia cada año, con diferentes variedades según los resultados de la cosecha. Actualmente está en el mercado el del 2003 que contiene Cabernet Sauvignon, Carmenere, de Cabernet Franc y Petit Verdot, logrando un vino muy complejo en nariz, elegante, con aromas a ciruelas, y muy frutal, es un vino bien redondo, concentrado, con harta estructura, y que por todo esto es el estandarte la viña Luis Felipe Edwards.
Esta empresa familiar dirigida por Luis Felipe Edwards M. en conjunto con sus hijos, cuñado, yernos más un grupo de calificados profesionales se ha preocupado por desarrollar sistemas de producción de punta.
Es así como cuentan con certificación ISO 9001, ISO 14.001, de calidad y medio ambiente, y las internacionales BRC e IFS que acreditan inocuidad y calidad en la producción.
Estas certificaciones se basan en HACCP en el cual se determinan puntos críticos como recepción y compra de uva, filtración del vino en embotellado entre otros. Adicionalmente se realizan otros controles como el nivel de aforo, oxígeno, anhídrido sulfuroso, CO2, azúcares reductores y grado alcohólico.
Quienes los conocen aseguran que se trata de una de las viñas que más énfasis hacen en la medición de oxígeno. Utilizando medidores de oxígeno Hanna Instruments es un parámetro que se controla diariamente varias veces al día. Esto porque los altos niveles de este gas pueden afectar la calidad del vino con cambios de color y aroma.
También realizan mediciones de CO2, especialmente a los blancos, ya que les da una cierta nota de frescura deseable.
El anhídrido sulfuroso, en tanto se controla al menos una vez al mes a toda la bodega, además de chequeos de acidez volátil entre otros. La graduación alcohólica es otro factor que se comienza a medir incluso antes de terminada la fermentación y durante todo el proceso, especialmente cuando el vino está listo para ser mezclado.
Los azúcares reductores se miden al finalizar la vendimia para corroborar que el vino está bien seco y al realizar mezclas o preparar un vino para embotellado.
Para el 2007 la meta es continuar produciendo vinos de calidad, ir consolidando su presencia en el mercado nacional y fuertemente en el internacional pero además comenzar la producción en dos nuevos predios, uno es “El Cerro” con más de 80 hás en la cota más alta del valle de Colchagua y el recién adquirido campo en Leyda, un valle fresco, de temperaturas bajas, y leves oscilaciones térmicas muy apropiado para los cepajes blancos.


